José Agustín Goytisolo: la poesía de un "lobito bueno"

La vida de José Agustín Goytisolo (hermano de los también escritores Juan y Luis Goytisolo) está marcada, como él mismo nos cuenta en su´poema "Autobiografía", por la tristeza. Una tristeza que, como la de Antonio Machado o la de Miguel Herández no responde a una causa concreta, sino que acompaña, silenciosa y constante, la vida del poeta, y, claro está, termina impregnando su obra, que brota del corazón mismo de esa vida.

Quizás el origen último de esa tristeza sea en este caso el trágico suceso que marcó su infancia: su madre, Julia Gay, ´murió por un bombardeo del bando nacional sobre la ciudad de Barcelona en 1938, cuando el poeta contaba solamente diez años. Quizás nunca superó del todo una pérdida a cuya sombra pasó el resto de su vida, como lo demuestran varios hechos: el primero, que la madre ausente es una presencia constante (paradoja resuelta por la poesía) en muchos de sus poemas, y él los recopiló  bajo el título "Elegías a Julia Gay". El otro, que puso a su hija Julia, como su madre, y le dedicó un precioso poema, "Palabras para Julia en el que sin duda late, junto a la hija, el eco de la madre.

Pero la tristeza pudo más que él, y en 1999 se suicidó. dejando mucho desconsuelo. Entre otros, el de sus compañeros de generación y oficio, como Carmen Martín Gaite o Manuel Vázquez Montalbán, que le dedicaron respectivamente dos textos preiosos (si pincháis aquí podéis leer el de Martín Gaite, pinchando aquí el de Montalbán)

Aún así, uno de sus poemas más famosos (en parte gracias a esta versión musical de Paco Ibáñez) se titula "El lobito bueno", y bajo su aparente ingenuidad y su aire de canción infantil evoca la rebeldía ante lo establecido, ante el hecho que desde pequeños nos enseñan quiénes son los buenos y quiénes los malos... y tal vez no sea así. Tal vez sea mejor otro mundo, un mundo al revés, como el que él soñaba desde aqueña España de Franco en que sin duda, los "buenos" y los "malos" oficiales eran bastante discutibles, y en el que era la poesía uno de los pocos medios para sugerir que esto podía ser así:





Y es que la educación es una de las cuestiones que más frecuentemente aparece en su poesía, y por tanto, que más le preocupaba, como vimos en su "Autobiografía", en la que repite a modo de estribillo esa frase con la que creció ("No sirves para nada"). Y en "Me lo decía mi abuelito", critica esa educación individualista, competitiva, de uno frente y contra el otro, en la que muchos hemos crecido y que tantas veces nuestro sistema socieconómico parece exigir para lograr el espejismo tirano, despiadado, insolidario y despectivo del "éxito" o el "triunfo" individuales (educación que él, por supuesto, se empeña en olvidar):

Me lo decía mi abuelito,
me lo decía mi papá,
me lo dijeron muchas veces
y lo olvidaba muchas más.

Trabaja niño no te pienses
que sin dinero vivirás.
Junta el esfuerzo y el ahorro
ábrete paso, ya verás,
como la vida te depara
buenos momentos. Te alzarás
sobre los pobres y mezquinos
que no han sabido descollar.

Me lo decía mi abuelito
me lo decía mi papá
me lo dijeron muchas veces
y lo olvidaba muchas más.

La vida es lucha despiadada
nadie te ayuda, así, no más,
y si tú solo no adelantas,
te irán dejando, atrás, atrás.
¡Anda muchacho y dale duro!
La tierra toda, el sol y el mar,
son para aquellos que han sabido
sentarse sobre los demás.

Me lo decía mi abuelito
me lo decía mi papá
me lo dijeron muchas veces
y lo he olvidado siempre más

No en vano Paco Ibáñez la ha cantado en la acampada de Barcelona, pidiendo que os la enseñáramos para que la aprendierais los jóvenes, "no solo de memoria, sino también de corazón". Bueno, pues en honor a Paco, aquí dejo mi intento...:



Porque Goytisolo cree, sobre todo, en la solidaridad. En la unión con el otro. En que nuestro dolor es el de otros y el de los  otros es también el nuestro. Y por eso, como siempre hay alguien que sufre, incluso el más inconcebible de los sufrimientos, "nadie está solo":

En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar
la libertad. Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?
Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio. ¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?
Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados.

Pero también cantó Goytisolo al amor, que él describe maravillosamente como "Esa flor instantánea":

Miedo a perderse ambos,
vivir el uno sin el otro:
miedo a estar alejados
en el viento de la niebla,
en los pasos del día,
en la luz del relámpago,
en cualquier parte. Miedo
que les hace abrazarse,
unirse en este aire
que ahora juntos respiran.
Y se buscan y se buscan
esa flor instantánea
que cuando se consigue
se deshace en un soplo
y hay que ir a encontrar otras
en el jardín umbrío.
Miedo; bendito miedo
que propicia el deseo
la agonía y el rapto,
de los que mueren juntos
y resucitan luego.

Y por último, os dejo otro brevísimo poema que invita a buscar la felicidad, junto a alguien. Porque puede que ese sea el secreto de la felicidad. Es un poemaque a mí me recuerda mucho al viejo romance medieval del Infante Arnaldos, y se titula precisamente así, "Secreto":

Antes yo no sabía
por qué debemos todos
-día tras día-

seguir siempre adelante
hasta como se dice
que el cuerpo aguante.

Ahora lo sé.
Si te vienes conmigo
te lo diré.

Falta en este post el poema más famoso de Goytisolo, aquél en el que juntó a sus dos Julias, su madre y su hija, su dolor y su esperanza. Pero como es tan famoso (y tan bonito), vamos a dedicarle un post aparte.

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