Un arma cargada de futuro

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Los poetas sociales de los años 50 en España son algunos de los poetas que en los años 40 hacían poesía desarraigada de corte existencial y expresaban su angustia personal por la terrible situación en que vivían, que ahora pasan a dejar un poco de lado la angustia y centrarse en esa terrible situación, en hablar de ella, en gritar sobre ella para intentar cambiarla. La poesía se convertía así en un "arma cargada de futuro", un modo de luchar por un mundo mejor, y el poeta, en alquien que quería escribir por y para todo el mundo, especialmente para aquellos a los que una poesía demasiado culta, intelectual o elitista resulta inalcanzable: el pueblo, los trabajadores, los menos favorecidos, que son los que más necesitan el clamor de la poesía, sobre todo cuando (como ocurría en la dictudura franquista) no disponían de otro medio de denuncia ni apenas otra voz. 

Por eso su poesía se alejó de la lengua literaria y se acercó a la coloquial, a la palabra lisa y llana de todos los días, a las metáforas hechas con la lengua de la calle y las cosas cotidianas y humildes de nuestras vidas. La métrica se relaja, porque pasa a ser algo secundario, y la poesía deja de ser algo íntimo, personal, individual y solitario para convertirse en algo colectivo, social, en un punto de encuentro del yo con el tú, con el vosotros y en el nosotros.

Estos poetas escribieron poemas que pronto llegarían a ser de todos, a convertirse en himnos de todos aquelos que luchaban por unos ideales o por una causa, por la justicia, por la libertad, por la igualdad, por la solidaridad, por el mundo, por la sociedad, por el hombre. Y así, incluso llegaron a convertirse en canciones, sobre todo cuando en los  años 60 y 70 surgieron los cantautores y la canción protesta, que acompañada de música perseguía lo mismo que la poesía social: hablar, cantar y gritar sobre el aquí y ahora, para intentar propagar la toma de conciencia, denunciar injusticias y opresiones, y contribuir, "golpe a golpe, verso a verso " y "nota a nota", a cambiar el mundo, por supuesto, para mejor. 

Así, en España tuvimos a Paco Ibáñez, Raimon o nuestro queridísimo José Antonio Labordeta, pero el fenómeno se dio también fuera: en Hispanoamérica con Violeta Parra, Atahualpa Yupanki, Silvio Rodríguez, Quilapayún, Pablo Milanés  o Víctor Jara (trágica y brutalmente asesinado por el alzamiento del General Pinochet en Chile),  en Estados Unidos con Bob Dylan o Joan Baez y en Francia con Georges Brassens o Jacques Brel.

Así que en estos días en que de nuevo se vuelve a alzar la protesta, y a oir a la gente buscar lemas, estrofas y canciones, no es extraño que el propio Paco Ibáñez haya vueto a cantar estos poemas en las plazas (aunque en realidad nunca ha dejado de cantarlos, en teatros y auditorios).


Pues bien, uno de los poemas emblemáticos de este movimiento en castellano es el poema "La poesía es un arma cargada de futuro", del poeta guipuzcuano Gabriel Celaya,  del que el pasado 18 de Marzo se cumplió el centenario.



Aquí os dejo la famosísima versión musical que de ese poema hizo Paco Ibáñez, y que en esta interpretación, dedica a Jorge, un chico de 17 años. Alguien seguramente muy parecido a vosotr@s. Así que en cierto modo, a vostr@s va dedicada, para que la recojáis y hagáis  lo que queráis luego...



A modo de curiosidad, os dejo una lectura colectiva de este poema por ciudadanos de Vallecas:



Poeta de la solidaridad y la comunicación, junto al yo, en los poemas de Celaya siempre hay un en el que mirarse, en el que buscarse, y en el que encontrarse, como en este "Tú por mí" al que ha puesto música Vicente Monera acompañándolo en imágenes con cuadros de Edward Hoopper, el pintor que, para algunos, mejor ha retratado la soledad. El resultado, éste:



Poeta también de la realidad cotidiana y cercana, a la que él sabía poner una voz que todos sabemos hacer nuestra, tiene otro poema que es también casi un himno para los que nos dedicamos a enseñaros (o al menos, a intentarlo). Se titula, precisamente, "Educar"




El otro gran nombre de nuestra poesía social de los 50 es otro poeta vasco, en este caso bilbaíno: Blas de Otero: Uno de sus poemas más famosos, "En el principio"" (que muchos conocen por el verso que en él se repite, "me queda la palabra") también fue convertido por canción (y en himno) por Paco Ibáñez:



Vicente Monera ha musicado su poema "Hombre", , que pertenece todavía a la etapa desarraigada (es decir, existencial, no social) del poeta en los años 40:



Ketama también ha versionado uno de sus poemas, titulado Juntos, para colaborar con la lucha por los Derechos Humanos y las Madres de la Plaza de Mayo argentinas. Si quieres verlo (está muy bien), pincha aquí. Precioso poema que canta a la solidaridad como la  única esperanza, incluso en las circunstancias más desesperadas. 

Podéis leer más poemas de Blas de Otero, aquí, y de Celaya, aquí

Para terminar, os dejo un último poema de Blas de Otero, titulado En castellano, que recoge muy bien ese espíritu de lucha mediante la palabra, y esa apertura del "yo" al nosotros que, más de cincuenta años después, nos siguen haciendo mucha falta. Quizás nos hagan más falta que nunca.

Que no dejemos jamás de reivindicar, es decir, de pedir, la paz y la palabra.

Aquí tenéis mi voz
alzada contra el cielo de los dioses absurdos,
mi voz apedreando las puertas de la muerte
con cantos que son duras verdades como puños.

Él ha muerto hace tiempo, antes de ayer. Ya hiede.
Aquí tenéis mi voz zarpando hacia el futuro.
Adelantando el paso a través de las ruinas,
hermosa como un viaje alrededor del mundo.

Mucho he sufrido: en este tiempo, todos
hemos sufrido mucho.
Yo levanto una copa de alegría en las manos,
en pie contra el crepúsculo.

Borradlo. Labraremos la paz, la paz, la paz,
a fuerza de caricias, a puñetazos puros.
Aquí os dejo mi voz escrita en castellano.
España, no te olvides que hemos sufrido juntos.

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