Unamuno: cabeza de familia del 98

"A veces, el silencio es la peor mentira".
"Hay que sentir el pensamiento 
y pensar el sentimiento".
"Lo sabe todo, absolutamente todo.
Figúrense lo tonto que será."
"Procuremos más ser padres de nuestro porvenir
que hijos de nuestro pasado."
"El modo de dar en el clavo
es dar cien veces en la herradura".

"Besos que vienen riendo, luego llorando se van,
y en ellos se va la vida, que nunca más volverá".

"Se viaja no para buscar el destino
sino para huir de donde se parte".

Miguel de Unamuno fue quizás el mayor pensador que nos dejó la Generación del 98. De hecho, su obra es tan importante literaria como filosóficamente. Era el mayor de los hombres del 98, y muy respetado, hasta el punto de que se le puede considerar como un "líder" espiritual o moral de todos ellos.
 Este escritor vasco (era bilbaíno) estuvo muy vinculado a la ciudad de Salamanca, de cuya Universidad fue Catedrático de Griego y rector varias veces, y por cuyas calles y cafés era habitual verle conversando en las tertulias a las que era  tan aficionado. Eso sí, sus convicciones políticas (la situación de España le preocupaba profundamente, y en consecuencia, era muy crítico con la situación política) hicieron que fuera desterrado a Fuerteventura en 1921 por ataques al rey y al dictador Primo de Rivera, y aunque le indultaron, se autoexilió voluntariamente al sur de Francia, y solo regresó cuando terminó la dictadura. Entonces, en Salamanca se  le hizo un recibimiento apoteósico, muestra del respeto y admiración que despertaba su figura entre la gente.

Su entusiasmo por la República (a cuyo triunfo él había contribuido con su pensamiento, su escritura, su exilio) le hizo participar activamente y presentarse como candidato a diputado. Sin embargo, su desacuerdo con las medidas que iba tomando hizo que, cuando en 1936 el General Franco se alzó contra ella, Unamuno apoyara en un primer momento la sublevación como la única esperanza para España. Pero pronto se vería obligado a cambiar de opinión, al ver el cariz del levantamiento y la represión que el fascismo impuso a sus opositores,  entre los cuales había muchos intelectuales amigos de Unamuno que fueron fusilados o encarcelados. El 12 de Octubre de 1936, en un acto en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, tras haber oído hablar a intelectuales que apoyaban a Franco, tomó la palabra (a pesar de que tenía pensado no hablar), y pronunció el famoso discurso en que dijo su mítico "Venceréis, pero no convenceréis":
Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión (...) Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha.
Sus palabras derivaron en una airada discusión con sus opositores. Como consecuencia, Unamuno es destituido como rector y es sometido a arresto domiciliario, que algunos testigos dicen que pasó en "resignada desolación, desesperación y soledad". En alguna entrevista manifestó su horror ante la guerra en la que se estaba hundiendo España, y su sensación de soledad y aislamiento frente al régimen del terror y la barbarie que según él se imponía por parte de los dos bandos enfrentados
La barbarie es unánime. Es el régimen de terror por las dos partes. España está asustada de sí misma, horrorizada. Ha brotado la lepra católica y anticatólica. Aúllan y piden sangre los "hunos" y los "hotros". Y aquí está mi pobre España, se está desangrando, arruinando, envenenando y entonteciendo...
El 31 de Diciembre de ese mismo año, el fatídico 36, murió repentinamente en su casa, mientras conversaba con sus amigos. Y Machado entonces escribió:
«Señalemos hoy que Unamuno ha muerto repentinamente, como el que muere en la guerra. ¿Contra quién? Quizá contra sí mismo».

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